El test de Turing (o prueba de Turing) es una prueba
propuesta por Alan Turing para demostrar la existencia de inteligencia en una
máquina. Fue expuesto en 1950 en un artículo (Computing machinery and
intelligence) para la revista Mind, y sigue siendo uno de los mejores métodos
para los defensores de la inteligencia artificial. Se fundamenta en la
hipótesis positivista de que, si una máquina se comporta en todos los aspectos
como inteligente, entonces debe ser inteligente.
La prueba consiste en un desafío. Se supone un juez situado
en una habitación, una máquina y un ser humano en otra. El juez debe descubrir
cuál es el ser humano y cuál es la máquina, estándoles a los dos permitido
mentir al contestar por escrito las preguntas que el juez les hiciera. La tesis
de Turing es que si ambos jugadores eran suficientemente hábiles, el juez no
podría distinguir quién era el ser humano y quién la máquina.
En 1990 se inició un concurso, el Premio Loebner, una
competición de carácter anual entre programas de ordenador que sigue el
estándar establecido en la prueba de Turing. Un juez humano se enfrenta a dos
pantallas de ordenador, una de ellas que se encuentra bajo el control de un
ordenador y la otra bajo el control de un humano. El juez plantea preguntas a
las dos pantallas y recibe respuestas. El premio está dotado con 100.000
dólares estadounidenses para el programa que pase el test, y un premio de
consolación para el mejor programa mensual.
La primera vez que un juez confundió a una máquina con un
humano fue en el año 2010, cuando el robot Suzette, de Bruce Wilcox, superó la
prueba.
En junio de 2014, el bot conversacional Eugene Goostman, que
participaba en un concurso celebrado en la Royal Society para conmemorar el 60
aniversario de la muerte de Turing, ganó al conseguir que el 33% de los jurados
del concurso creyesen que Goostman era humano.
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